Viajando por una pasión, de Sevilla a Barcelona

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Cuando uno viaja a Barcelona piensa en fiestas, mar y diversión desenfrena. Lo que menos se espera es tropezar con la Walter Grunfeld tennis academy y quedarse enganchado con este deporte. Eso me pasó hace poco, durante un viaje de verano. Nos fuimos un grupo de amigos a Barcelona a fiestar y de pronto fuimos a parar a una cancha de tennis.

Esas cosas del destino son muy graciosas, porque uno viaja por una razón y resulta que todo es mucho mejor pero nada que ver con el plan inicial. Yo nunca había jugado tennis. Creo que ni siquiera había sostenido una raqueta en mis manos. Así mismo estaban mis amigos, por eso fueron tan divertidas las primeras clases.

El tennis es mucho más complejo de lo que podemos imaginarnos. Y es que requiere muchas técnicas que solo nos las puede enseñar un buen entrenador que, además, tenga mucha paciencia. Nosotros tuvimos suerte porque nos tocó un tío simpatiquísimo que nos hizo pasar el rato de maravillas.

Ojalá en Sevilla encontráramos una academia de tennis parecida, sería muy bueno para perfeccionar nuestras técnicas. De pronto hay una y no lo sabemos. Hay que investigar, buscar un poco en Internet o preguntarle a alguien.

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